La Tristeza es Personal
Es celosa, al ella cantar busca mi entera atención y aquieta cualquier otra emoción en un haz de espinas para hacerlas sangrar hasta el blanco de la ausencia. Utiliza el viento de mi alma para hacerse familiar y se acompaña de su brisa para llenarme de su aroma.
Al estar turbado por la fiebre de mi propia nostalgia me atrae a los recuerdos para verlos sangrar, en una herida tan leve, tan sutil y tierna que, sin dar a notar su daño, duerme cualquier tipo de emoción, y al tiempo que adormece una a una las espinas, no las retira de mi carne para que las cicatrices y cualquier fibra sensitiva se ahogue en una calma tenue progresiva.
Ella me hace atravesar los miedos con las emociones fracturadas y aunque ría en el pañuelo y llore en las carcajadas poco a poco aprendo a cerrar las puertas del rostro. Así es ella, la conozco poco, a pesar de haber vivido con ella mucho tiempo, reniego del día en que sin saberlo, la inventé.
Parecía que mis ideas ingenuas y mi gran imaginación la lograron crear, al inicio era solo una invención de mi ira hacia las ofensas, era simplemente una invención de mi mente infantil, era un llamado a la supuesta fortaleza de corazón (si hubiera sabido antes que la fuerza viene del latido) pero poco a poco cobro cuerpo y me logro lo que le pedía, era raro pero le seguí la voz.
Mi tristeza es capaz de inventarme un pájaro, un rincón entrañable de tibia geografía, me regalaba valor, me daba los grandes placeres, me daba las más grandes heridas, pero por su beso, nunca me entretuve en el remordimiento, ni en pensar bueno-malo. Y fue la época de la indiferencia y cicatrices de hielo. Nunca me dejo llorar y congeló mi corazón con lo que debería ser mi llanto y empezó a secárseme los ojos, y a pesar de tener ventanas, nunca las abría.
Conversábamos con nuestro dialecto enternecido, de la muerte, del arrepentimiento, de los desdichados, del método y demás temas que mi mente podría contarle. Cuando me parecía tener el espíritu inerte, la seguía yo en acciones extrañas y complicadas, buenas y malas, estaba seguro de no entrar directamente en su mundo, Si bien no me mataba, tampoco me volvía mejor, yo le decía te comprendo y aunque realmente aun no lo hacia ella lo aceptaba y se encogía en hombros.
Me conducía a un cielo, un sombrío cielo, en el que hubiera querido dejarme pobre, sordo, mudo y ciego para vivir sonámbulo, pero así como mi tristeza se renovaba sin cesar, y como me sintiera más extraviado ante sus ojos, tenia cada vez más y más hambre de bondad, pero ella no entendía! y me empecé a sentirme extraño (ahora sé que mi corazón reclamaba su encierro y simplemente quería la vida claridad)
Ella me convencía con la ofrenda de su escudo –“recuerda, yo te salvo de lo que duele, no te marchess... no ves el mundo aquel... recuerda... no te hagas caso...”- “ crece con flores en mi espera porque la salvación celebra el manar de la nada... eres así... no ves tu nueva fortaleza... nadie puede entrar a dañar nada...”, y yo lo creía, pero desde dentro crecía mi resurrección.
Suena raro, pero la reconocía vestida de cierto afecto mío, yo amaba a mi tristeza como imagino se ama a una hija mala, venia de mí, eso bastaba para darle mi incondicional afecto. En lo que cabía, la conocía perfectamente, ella vive conmigo disfrazada en la sangre y se ha construido una risa especial para que no pregunte por la parte sombría.
(No esta terminada...)



casitadelmar dijo
¡Qué maravilloso encabalgado de imágenes! Tu texto deja en mi la sensación de haberte visto bailando con tu tristeza, tu tristeza convertida en una mujer perversa y calculadora que te arrastra, como nos arrastra a muchos, a la oscuridad y el frío que se esconde tras nuestra armadura de hojalata... No te dejes enredar por ella, ese es mi consejo, aunque creo que ya habías decidido no hacerlo (faltará leer el final de la historia - si es que hay fin posible para las historias del alma)... Y la valoración que me pedías, la resumo en una palabra: Delicioso.
Felicidades por tu pluma, amigo. :)
10 Julio 2007 | 01:30 AM